De repente comienzas a dudar si la historia que viviste y los sentimientos que tuviste, fueron reales.
Te encuentras en plena racha de dicha y felicidad y no sabes diferenciar la realidad de la mentira. Tu mente quiere jugar contigo, pero te aferras a seguir sintiendo lo que la vida te regala, pero te asombra que los sentimientos que ahora presencias son completamente diferentes a lo que una vez creíste que era real.
Es como si tu mente jugara contigo y te obligara a olvidar ciertos momentos de tu vida, a pesar de tu inigualable memoria, hay cosas que simplemente sientes que nunca pasaron, sentimientos que crees nunca haber tenido y de cierta forma te alegra que así fuera, porque sientes como tu mente entra en reset; nada ha pasado, estás listo y nuevo para todo lo que ahora viene.
Inesperado.
Lo conocí en una fecha que no recuerdo, sé que era un jueves, aproximadamente las 10:30 de la mañana, pero me es difícil concluir que fecha exacta era. Fue a principios de abril, de eso estoy casi segura, y ocasiones antes lo había visto caminar por los mismos pasillos y las mismas oficinas que yo frecuentaba.
Trabajamos en la misma empresa, por suerte el destino lo puso en mi camino y me regresó las buenas ideas sobre la gente que queda en este mundo.
Había comenzado a ser una persona negativa, de esas que sobran en la sociedad, de esas que te encuentras en cada esquina, pero lo conocí y me regresó a las manos la esencia que siempre me caracterizaba.
Cambió tanto mi mundo, que hasta las flores comenzaron a gustarme. Y de verdad comenzaron a gustarme y le tomé sentido al hecho de “regalar flores”. Antes de él me parecía absurdo que alguien se tomara la molestia en regalar flores, cuando no son duraderas y su estado natural es en la tierra, pero entonces cambió mi perspectiva, porque me hizo entender que realmente nada en esta vida es duradero, que todo puede acabar en un abrir y cerrar de ojos, pero que lo que realmente cuenta es como disfrutaste el instante. Me enseñó que normalmente las cosas no siguen su naturaleza, que los seres humanos modificamos todo lo que tocamos, y que algunos tenemos el don de mejorar todo lo que hacemos. Y él tiene ese don; mejorar todo lo que toca.
Y me consta, porque antes de él me estaba ahogando en pensamientos de odio y rencor hacia las cosas que pasaban en la vida, comenzaba a creer que las buenas películas sólo estaban basadas en sueños y pensamientos de gente que desea que las cosas sean mejores, pero él lo cambió; llegó con su perfección notoria y me demostró que lo nuestro era como una película.
Lo veo y no creo que sienta lo que él provoca, es como si en algún momento de mi vida hubiese establecido una barrera de lo que podía ser creíble en cuanto a sentimientos y el llegó a sobrepasar esas barreras para demostrarme que siempre hay alguien que te cambia la vida.
Mirar sus ojos, contemplarlo poco a poco, sentirlo conmigo y que me haga reír con sólo voltear a verme, nunca perder esa sensación de la primera cita, los nervios agudos de vernos, los abrazos eternos que te encierran en una burbuja y te hacen olvidarte del mundo, las caricias que te llenan de paz, de dicha, te estremecen y te hacen entender porque la gente se apasiona tanto.
El lo cambió todo, me regresó a la vida.
Es increíble como en tan sólo 2 meses me ha hecho vivir eternidades, ha logrado que quiera soñar a su lado y me invita a anhelar una vida consigo.
No sé de donde salió, tampoco porque llegó a mis manos, lo único que sé es que amo su compañía, lo quiero más de lo que puedo quererlo y me hace inmensamente feliz.
No tengo idea de que pueda pasar más adelante, temo que un día los sentimientos y sensaciones no quepan en mi cuerpo y yo tienda a explotar, pero si es por él, por su causa y sus existencia, estoy dispuesta a estallar en mil pedazos, si el premio es estar entre sus brazos y quererlo sin límites.